27 febrero 2006

MIRIAM


He perdido la cuenta de los años que hace que nos conocimos. Yo siempre te recordaré regordeta, con unas gafas de pasta más grandes que tu cara, dos coletas de tirabuzones rubios y vestiditos rosas con la pechera fruncida. Subida a la verja del colegio siguiéndome la corriente como cría enamorada o ideando fantasías sobre niños chicos catalanes. Lo hemos compartido todo. El tiempo sigue permitiéndonos disfrutar al uno del otro. El tiempo sigue perteneciéndonos cuando estamos juntos. Siempre te echaré en cara aquello que me hiciste en 2º de BUP, cuando ya eras la mujer bella que eres hoy con aquellos trastornos de los que tanto te arrepientes ahora pero que sin tu saberlo te han hecho mejor persona, y tu a mi aquel año en que el amor adolescente me arrebató por completo. Pero qué importa, seguimos juntos. La niña de las pestañas rubias no sabe, que de no ser por ella, probablemente a penas volvería a esta ciudad tan bella y tan cerrada, cuyo aire me encanta respirar pero que a la vez me ahoga. Ayer, cuando los dos estamos al borde de los 30, me enseñaste tu nuevo piso, tu nueva ilusión. Qué mayores somos Miriam y que contenta estabas. Por fin estás contenta, si no a cuento de qué viene esa borrachera.

Sé que estarás para siempre. Me encantan nuestras discusiones, a grito pelado diciéndonos las mayores crueldades que nuestras cabezas pueden imaginar. Me encanta la cara de pavor de la gente al verlas y me encantan las reconciliaciones, esa forma tan peculiar que los dos tenemos de agachar la cabeza.

La niña buena, mentirosa, egoísta, tramposa, encantadora, guapa, guapa, guapa… con casi 30 años y aún por descubrir, mucha mujer para cualquier hombre y muy poca cosa para sí misma. Para mí un misterio aún, completamente incomprensible, que siempre lucharé por descifrar, porque ya sabes, mirieta, que nadie sabe sacarme de quicio como tú pero que siempre vuelvo a ti porque tú sin yo y yo sin tú no estaríamos completos.

Te quiero

EL REENCUENTRO






Podría haber encaminado mis pasos hacia el Mediterráneo pero la sangre y la fuerza de voluntad me han hecho tomar una decisión que espero que sea correcta. Después de dos meses hoy me reencontraré con ella, que tanto amor y odio me provoca. Espero que brille el sol.

HOLACAUSTO CANIBAL


Había oído hablar de esta película pero no tenía ni idea de lo que iba. Su portada era de lo más atrayente en el estante del videoclub así que me dije "creo que es perfecta para acurrucarme en mi sofá un domingo por la tarde".

Madre mía, hasta yo, que no me da asco casi nada y no soy nada escrupuloso me tuve que tapar los ojos en varias ocasiones. Violenta y crítica, muy crítica con la sociedad occidental supuestamente evolucionada, como dicen en el film muy preocupada por el desarrollo tecnológico y espacial pero muy perdida en cuanto al respeto por los que no son como ellos. Y esto os lo dice un occidental urbanita de pro, como yo. Es cierto, que para miradas sensibles puede ser muy dura, pero recomiendo su visionado, sobre todo a aquellos que no conocen las tripas de los medios de comunicación. Yo que vivo de ellos puedo dar fe de la realidad que cuenta. Que aproveche.

26 febrero 2006

PATINAJE SOBRE HIELO

Hoy he tenido mi primera clase de patinaje sobre hielo. Como ya comenté en mi anterior texto, hoy es mi último día del turno de mañana. Me he levantado algo más tarde que de costumbre y he seguido mis rutinas habituales que, como comprenderán ustedes, a esas horas están completamente mecanizadas. Cuando salgo a la calle veo el suelo mojado y noto unas ligeras gotitas de agua que caen como sin peso, "menos mal", me digo, " hoy por lo menos no nieva". Muy felices me las prometía yo. Después de tener que aguantar estoicamente a los que salían de Kapital con un pedo sin igual y chupar su tranquilidad de borrachuzos al mando del volante, me sumerjo con mi caballo azul polar en la inhóspita M30. Y cual ha sido mi sorpresa cuando de repente he descubierto que poco a poco la calzada estaba cubierta de una fina capa blanca que poco a poco iba ocupando todo el carril izquierdo, por el que yo suelo circular, soy animal de costumbres para estas cosas. Noto como el caballito empieza a ir más ligero de lo habitual y me digo "mejor me cambio al carril del centro que esto tiene mala pinta". Coño si tenía mala pinta, la nieve se iba espesando a cada kilometro que recorría. "Madre mía, que yo voy dirección norte, esto va de mal en peor". Cuando entro en la carretera de Burgos veo a lo lejos esas luces parpadeantes que indican que los demás caballos se han parado y que debo reducir mi velocidad. Yo soy un niño sureño, así que no estoy acostumbrado a galopar en estas condiciones. Torpe de mi, me da por pisar el freno, el caballo se me desboca y sus pezuñas empiezan a patinar. Cuando ya estoy convencido de que mi caballo le va a dar un besito en el culo al de delante, un milagro, al final voy a tener que empezar a creer en dios, hace que todo este percance me ocurra cerca del primer desvío a la carretera de Colmenar, volantazo y suspiro con un goterón de sudor a lo Shin-Chan al ver que me he metido por el caminito correcto como un campeón. Pero lo chungo no ha hecho nada más que empezar, la carretera está totalmente nevada, unos 10 cm de nieve y un solo carril utilizable, bueno realmente dos surcos de ruedas de coches que habían pasado antes que yo, le doy gracias a los astros por ello. Yo esto sólo lo había visto en películas. Nunca había imaginado el ruido tan desagradable que hace el coche cuando aplasta la nieve, ni lo difícil de cirdular en esas condiciones. Sin poder pasar de 50 km por hora llego a la entrada a Tres cantos. Y si lo anterior había sido duro, lo que se avecinaba lo era aún más. El espesor era monumental, no había diferencia entre acera y calzada, menos mal que por ahora la intuición no me falla porque si no hubiese sido hostia segura. Aparcar toda una odisea. El parking de mi acogedor lugar de trabajo, donde me gusta pasar algunos domingos por la mañanita, cerrado, así que metete en la espesura de la nieve, sin maniobrar por supuesto, y que sea lo que dios quiera. Veo la cara de miedo y alivio de una compañera al bajar del coche justo delante de mi.

Al final no he llegado tan tarde, sólo 20 minutitos. La anécdota nos ha dado un buen rato de cháchara y de risas por los pasillos, sobre todo al ver las caritas de los pobres que terminaban el turno de noche que no sabían como narices ir a sus lindas camitas. Cuando me he puesto a trabajar había pasado ya una hora. Quién me iba a decir a mi que al final el patinaje sobre hielo no se me iba a dar tan mal, yo que hasta ahora le he dado tantas largas.

BUENAS NOCHES

Son las 00:49. Es mi último día de turno de mañana, por tanto, mi último madrugón. Lo de levantarse antes de las 6 debería estar prohibido, porque las neuronas dejan de funcionar a un ritmo normal, todo se ralentiza y ensombrece. El cuerpo se vuelve pesado y las horas libres no se disfrutan. La falta de sueño hace que esos pequeños defectillos que uno tiene se acrecenten y en mi caso mi peor defecto es el exceso de ansiedad e impaciencia. Estaba cansado cuando la ansiedad me llevó a cometer un error de nuevo. Maldita impaciencia la mía, con lo racional que soy y lo que me cuesta controlar mis impulsos. Todo termina en discusión.

Cuando ya creía que me iba a ir a la cama con un nudo en el estómago de esos que no te dejan dormir o te provocan pesadillas, en el mejor de los casos, resulta que una llamada de teléfono ha conseguido que la ansiedad bajase, más que una cajetilla de tabaco. Cuando ya creía que iba a volver a plasmar en este blog mi tendencia a lo melodramático, una voz de repente me hace ser optimista de nuevo.

Quedan a penas 5 horas para que suene de nuevo el despertador. Me voy a la cama como un niño chico, a dormir con el pulgar en la boca y a tener lindos sueños. Como dijo Escarlata, "mañana será otro día". Buenas Noches.

25 febrero 2006

MADONNA, DIOS SALVE A LA REINA

"La luz es no tener miedo, la luz es compasión, la luz es darlo todo y es inmortalidad. Es un lugar donde no existen el caos ni el dolor ni el sufrimiento. (Hay una luz sobre mi cabeza) La Luz es las leyes del universo. Puedes hacer cosas para conectar con ella o cosas para desconectar. Eso es lo que me da miedo, desconectar. No quiero desconectar."


Madonna "Voy a contarte un secreto"

A mí siempre me ha gustado Madonna, pero no soy uno de esos fans ardientes que compran todos sus discos y pagan verdaderas barbaridades por asistir a sus conciertos. Esta mañana he visto, alguna cosa buena tiene que tener trabajar en donde trabajo, el docuemental Madonna: I'm Going to Tell You a Secret" y ahora comprendo por qué es la Reina, hasta tal punto que no me parece arrogante cuando afirma que en Inglaterra no hay sitio para dos reinas.

24 febrero 2006

BUFFET

Cuando hago estas cosas la indecisión me atrapa pero haré lo posible por ajustar mis gustos. Aunque lo más probable es que la tentación de cambiarlo todo se apodere de mi.



CINCO LUGARES DONDE MORIR FELIZMENTE
1. Tulum
2. Conil
3. Isla Mujeres
4. San Sebastián
5. Positano

CINCO SERIES DE TELEVISION
1. Twin Peaks
2. Sexo en Nueva York
3. Dragones y Mazmorras
4. Falcon Crest
5. Las Chicas de Oro

CINCO PELICULAS INOLVIDABLES
1. Desayuno con diamantes
2. Martín (Hache)
3. Eva al Desnudo
4. Seven
5. Lo que el Viento se Llevó

CINCO LIBROS IMPRESCINDIBLES
1. San Manuel Bueno Martir
2. Cien Años de Soledad
3. El Señor de los Anillos (El Retorno del Rey)
4. El Día que Murió Marilyn
5. El retrato de Dorian Gray

CINCO CANCIONES INMORTALES
1. Moonriver
2. Aquellas pequeñas cosas
3. Mediterraneo
4. Sweet Caroline
5. Ojos verdes

CINCO TRABAJOS INTERESANTES
1. Director de cine indie
2. Bailarín de danza cásica
3. Reportero fotográfico de guerra
4. Redactor de Vogue
5. Diseñador de alta costura

CINCO PERSONAS QUE DEBEN CONTINUAR LA CADENA
1. La Bella Extremeña
2. La Punta del Tacón
3. Sabbat
4. El Dr. Strangelove
5.

¡VAYA MIERDA!



A partir de hoy voy a intentar escribir cositas más alegres. Ayer repasando el blog comprobé que tengo cierta tendencia a lo melodramático y, aunque resulta más atractivo a los ojos ajenos (siempre gusta más el lado oscuro que el lado de la fuerza), yo soy una persona feliz con poquísimos problemas, que le da la importancia justa a las cosas, consciente de que lo que hoy te jode mañana se olvida así que para qué amargarse la existencia.

Dicho esto, me voy a permitir la licencia de relatar uno de esos días grises en la vida de un muchacho optimista pero bien informado de mi calibre. Hay veces que el universo se conjura para intentar romper la alegría vital que se manifiesta normalmente en uno. Yo no creo en Dios, pero menos mal que me ha hecho como soy porque si no estaría ya camino del psicólogo.

Esta semana tengo turno de mañana:

5:50
Suena el despertado, despierto, salgo de la cama y me muero del frío, me ducho y me muero de frío, me visto, me tomo un café y me fumo un cigarro a toda hostia mientras que veo las noticias (o hago como que las veo), me lavo los dientes, agarro el móvil, me pongo el abrigo y salgo de casa.

6:25
Salgo a la calle y compruebo que está nevando. Sí, sí, muy bonito y todo lo que querais pero a esas horas y con ese puto frío a mi sólo se me ocurre cagarme en Blas, que no sé quién es pero siempre me cago en él, sobre todo cuando me subo al coche y agarro el volante, puro témpano de hielo. Arranco. Joder, cómo tarda en calentarse el puto coche.

7:00
Entro a trabajar, me quedan 8 horitas por delante.

9:12
Me fumo un cigarro y me pilla mi jefe, para dos veces que salgo en todo el puto día y siempre me tengo que cruzar con él.

10:28
Hablo por teléfono con el niño valenciano.

12:22
Me fumo otro cigarro

14:00
Comienza un directo, doy la cuenta atrás y entra sin problemas. Aprovecho para llamar al niño valenciano. Discutimos, me pongo de mala hostia y le cuelgo el teléfono.

14:42
Termina el directo, con la mala hostia por la discusión se me olvida hacer una cosa y cometo un error en emisión. Vaya mierda, a sólo 15 minutos de irme a casa. Llamo por teléfono al valenciano y no me lo coge. Escribo la incidencia.

14:50
Llamo por teléfono al valenciano y no me lo coge. Llega mi relevo, me comenta un problema más. Me piro.

15:00
Me voy a comer. Tengo un día de esos tontos y no me apetece hablar con nadie. Qué putada, en el ascensor coincido con un compañero que también va a comer, por educación le acompaño sin tener ninguna gana. Termino y salgo pitando. Necesito un cigarrillo. Qué puto frío, está nevando de nuevo.

15:20
Arranco y me dirijo a casa. Puto tráfico, está nevando y todo va más despacio que de costumbre. Llego a mi barrio y aparco.

16:00
Abro la puerta de mi casa. Joder, qué de ropa tengo que lavar. Me quito el abrigo y vuelvo a llamar al valenciano, ahora si que me lo coge. Tenemos una conversación de lo más desesperante. Me dice que no quiere hablar. Cuelgo y juro que no lo voy a llamar hasta que él se ponga en contacto conmigo. Eso no quiere decir que yo me haya quedado tan ancho, una persona como yo está en constante desahogo, así que llamo a Isa que me da unos sabios consejos. Isa debe de haber llamado a su hermana porque al rato veo en la pantalla de mi movil la carita de Esther. Decido que me voy a ir al cine. Estoy cagando cuando suena el timbre. Me limpio a toda prisa. Es un pintor búlgaro que se me mete en la casa para pintar no se qué cosas y que me abruma a base de preguntas que yo por su acento no entiendo, así que le digo a todo que sí.

17:35
Salgo de casa a toda prisa porque llego tarde al cine. Que puto frío, pero ya no nieva. Cuando llego a mi destino descubro que no ponen la película que esperaba ver, Truman, y el resto no me interesa, así que me recorro todos los cines del centro de Madrid a la búsqueda de una película a poder ser de miedo que me ayude a vaciar el cerebro y mi angustia. Qué ansioso soy, dios.

18:32
PISO UNA MIERDA DE PERRO. Cómo jode, jode tanto que alguien se inventó una vez que trae buena suerte. Eso es en lo segundo que pensé, lo primero fue ahora voy a ir oliendo a mierda por todos lados.

Pero resulta que por una vez parece que se cumplió el dicho. A partir de haber pisado la mierda la suerte y mi espiritu cambió, de repente me di cuenta de que no me merecía la pena estar tan gruñón, porque tampoco era para tanto. Me compré una tapadera de water bien bonita, el niño valenciano me llamó, nos reconciliamos y yo, que ya estaba tranquilito, me relajé aún más. Curiosidades de la vida, un día que me parece una caca se me empieza a arreglar cuando piso a la susodicha.
Si es que el que no está feliz es porque no ha pisado una mierda.

23 febrero 2006

EL MIEDO A LAS PALABRAS

Hace unos días volví a ver Lucía y el Sexo acompañado de Ricardo en nuestro sofá tragaldabas. Tenía especial interés en que el niño pollo viese esta película. No sabía muy bien por qué pero sentía la necesidad de transmitirla como se transmiten esos regalos entre genaraciones de padres a hijos. A mi no me parece el mejor film de Medem, pero desde luego es el que más me ha llegado. Hasta ayer no descubrí por qué.

A mi amiga Esther la operaron el viernes de una de esas cosas incómodas que se sitúan en sitios incómodos. Así que como no puede salir, ayer me planté en su casa cargado con revistas, un huevo kinder y una bolsa de gominolas. Como el salón estaba ocupado por su compañera de piso que el mismo viernes se hizo un esguince, hay gente que es incapaz de soportar la pérdida de protagonismo (cosas de actrices), nos atrincheramos en su dormitorio bajo la luz tenue de una lamparita y con Amaral de fondo por petición mía.

Después de las típicas preguntas, de ver como había evolucionado lo suyo y de contarle las pocas cosillas que tenía que contarle sobre mi vida, comenzamos a hablar de lo que más nos gusta desde que somos fans de Sex in the City, las relaciones, mientras devorábamos con ansiedad las gominolas, unas fresitas de plástico monísimas. Como lo más fácil es hablar de otro, apareció el nombre de Isa de por medio y nos convertimos en analistas de su situación, de sus miedos al compromiso, de sus dudas. Yo, le comenté a Esther que creía que al judiito le pasaba lo mismo que a Isa y empezamos a analizarlo a él. Que si su juventud, que si la distancia, que si de repente esto que está comenzando entre nosotros se le puede quedar grande… Esther está sorprendida de lo fácil que me resulta decir determinadas cosas como llamar novio al judiito, o decir que estoy enamorado cuando hace a penas un mes que le conozco. Es normal, ya he pasado por tres relaciones y ya sé de que va esto. Ella tiene un novio desde hace unos meses, Rodrigo, una relación que aunque ella a veces lo duda, avanza por los cauces normales. Es un niño muy salao, yo les deparo un buen futuro como mínimo a corto plazo. Pero le cuesta expresarlo, así que alucina con mi facilidad para comunicar mis sentimientos y por la claridad con que veo las cosas.Y ahí, de repente comprendí por que esa película de Medem me llega tan adentro. Soy como Lucía, expresivo, sin miedo a llamar a las cosas por su nombre, sin miedo a las palabras ni a sus consecuencias.

En este sentido se podría decir que hay dos tipos de personas, los que hablan y los que callan, los expresivos y los inexpresivos. Los unos aturden a los otros, los otros causan impotencia a los unos. Sin embargo, esta dualidad, que evidentemente no es tan marcada y que en cada persona se manifiesta en mayor o menor medida en función de los aspectos a tratar, parece estar destinada a unirnos. Un nuevo misterio que nos ata, de nuevo un ying y un yang. Porque, o yo tengo muy mala suerte, o hasta el momento sólo he dado con ejemplares del grupo B en estas cosas de los amoríos, y los del grupo A existen, que los he visto.

Existe una escena en la película en la que Lucía, harta de la inexpresividad y el mutismo de Lorenzo, se pone muy nerviosa y le acusa de no poder ayudarle porque no se expresa. Lorenzo está bloqueado, las palabras no le salen del cuerpo, no es que no sepa qué decir sino que está tan asustado que ni siquiera se le pasa por la mente la posibilidad de hablar. Yo en más de una ocasión he sufrido ataques de impotencia como los de Lucía, en los que la otra persona se deja dominar por el miedo a las consecuencias que puedan tener sus palabras. Mi corta experienca vital como persona que lo casca todo es que es un miedo de lo más estúpido. Nunca pasa nada y nunca llega la sangre al río. Porque como dice el refrán las palabras se las lleva el viento.

MODERNOS EN MADRID


"Drogas, drogas, drogas, moda, música y poco más. Soy el más guay de todo el lugar. Quiero que todos me vean pero lo disimularé hasta la muerte porque lo que se lleva ahora es el rollo yo pasaba por aquí y me quedo a ver que veo. 3 rallas, 1000 copas. Hablo de cosas como si supiera de ellas y lo peor de todo, hago como que me interesan pero me importan una puta mierda. Hoy no hay ni 8 y medio, ni Mondo, ni Ohm. Hoy toca fiesta de modernos en Madrid. Fiesta de revista superindie. 300 peter panes juntos. Algún presentador de programa friki, el ayudante del director de cine más importante, Alaska y su maridito y vete a saber tú quién más. Habrá pocos infiltrados. No sé si Lacoste o Tommy Hillfiger, si Adidas o Nike… ¿Se sigue llevando el rollo retropijo? Esto va muy deprisa. No lo confesaré en voz alta pero tengo pánico a no estar a la altura."


Estracto del diario de un moderno frente al espejo.
17/2/2006

22 febrero 2006

21 DE FEBRERO DE 2006



De nuevo una despedida. De nuevo las lágrimas caen por mis mejillas mientras que mi mirada intenta hacerse paso a través de la ventanilla del autobús que se encamina hacia el este, intentando memorizar cada uno de los rasgos de quien se encuentra tras ella.

El día está gris, al igual que mi alma en este momento. Camino sin sentido pero con rumbo por un paisaje que de repente se me antoja hostil y desconocido aunque mis pies ya transitaron mil veces por él. Estoy cansado, muy cansado. La noche anterior dormí a penas dos horas y los sentimientos han sido muchos y muy variados. Estoy exhausto, pero no soportaría el aire pesado del metro así que decido seguir andando.

Isa no me coge el teléfono. Empiezan a caer algunas gotas de agua pero al momento cesa.

Esther si está. Me dice que estaba a punto de llamarme. Mi charla con ella es apacible y tranquilizadora. Por momentos algo confusa. Qué experta en el arte de escuchar es Campanilla. De repente recuerdo el origen de mi llamada y de repente me doy cuenta de que me he perdido. Esther me cuenta que le han dado una semana de baja médica y yo intento salir del laberinto. Lo consigo y llego a mi destino.

Sucio, gris, áspero. En la oficina una peliteñida integral me hace firmar las facturas y los peritajes de mi pequeño caballo azul polar. Ha estado malito más tiempo del debido pero su papá ya está con él. El doctor de caballos me dice que aún debo esperar diez minutos porque lo va a lavar y yo pienso, no hay mal que por bien no venga.

Isa me llama. Hace un frío del demonio, así que decido subirme la cremallera de mi chupa de cuero negro. No hablamos mucho pero la dosis es suficiente para pasar el resto del día. Creo que mi Wendy se está enamorando y el miedo le está empezando a taponar los poros. Ya se le pasará, esto es normal. Cómo me alegro por ella, hacía tiempo que le hacía falta algo así.

Mi caballito azul polar está listo. Me subo a él y mientras lo ajusto el placer es inigualable. Su ruido me suena a música celestial, nunca había pensado que lo echaría tanto de menos.
Después de un paseito y de un buen rato buscando un lugar para amarrar las riendas, llego a casa, ese lugar que esta mañana le albergaba a él. Su presencia en ella es cada día mayor. Me siento solo y le echo de menos. Enciendo el ordenador para mirar su página aunque sé que a ciencia cierta no voy a encontrar nada nuevo. Mejor será llamarle, pienso. Dicho y hecho, le llamo, le oigo con voz dormida, hablamos, me lleno y me vacío. Le echo de menos y sólo hace dos horas que dejé de verle. Me despido y oigo un beso por el auricular que me parece precioso. Cuelgo el teléfono y decido cenar eso que me dejó en el frigorífico, que me sabe a gloria, y ver esa película de chinos que no pudimos ver juntos (que corto es el tiempo cuando se desea que sea largo).

Los chinos se matan, gritan, sonrío con alguna escena pensando en lo que se hubiese reido al verla. Miro el reloj y pienso que ya habrá llegado a su destino y que en una hora volveré a oir su voz, pero el cansancio y el calor que se guarda bajo mi manta hacen que los párpados se me vayan cerrando poco a poco.

De repente despierto. Los chinos ya han dejado de matarse y de gritar y mi televisor tiene la pantalla en azul. Le recuerdo, agarro el móvil para llamarle pero al ver la hora que es pienso que ya estará dormido y no quiero despertarle. Mañana hablaré con él, pienso, tienes que ser menos ansioso, el pobre está asustado, dale algo de espacio para que poco a poco comprenda lo que siente.

Apago todas las luces de la casa y la calefacción. Me voy a la cama, siento pena al agarrar a Ricardito y situarlo en la mesilla de noche y al deshacer esa obra de arte que ejecutó con mis sábanas. Cuando me tumbo de nuevo me siento solo pero cierro los ojos.

21 febrero 2006

MI CUERPO, ESE GRAN ENEMIGO

A veces amado y casi siempre odiado.
Espero que esto sirva como un ejercicio de catarsis.

EL LASTRE SENTIMENTAL

Ahora me he dado cuenta. Más de un año después. Después de la ruptura, de una convivencia amistosa y de un enfriamiento paulatino y necesario que probablemente terminará en un recuerdo ni siquiera nostálgico. Ayer me di cuenta de los lastres que te deja una relación. Este hecho siempre había estado rondando mi cabeza, pero hasta ayer no fui plenamente consciente.

Yo tuve dos relaciones. Pero la tercera fue la que realmente me enseñó lo jodido que es una incorrecta elección de la persona amada. Tenía 23 años, un emocionado de la vida y apareció él en un momento en el que yo necesitaba que alguien apareciese. Guapo como él solo. Los primeros días de relación yo tenía la sartén por el mango pero de repente todo un día se torció. Él, usó el arma que más daño me hace y que es más efectiva, la indiferencia. Una indiferencia cruel por controlada. Como se dice vulgarmente se dio la vuelta a la sartén. Él comprobó lo efectivo de su armamento y fue increscendo, dejé de ser el amado para ser el amante. Quise con todas mis fuerzas, pero nada era nunca suficiente. Mi esfuerzo por ser querido era superior a mis fuerzas y lo único que conseguía era siempre la primera en la frente.

Todo fue evolucionando y se fue refinando a lo largo de 5 años. Hasta que un día descubrí el sol, el mar, el calor y a Anette Sorin y nada volvió a ser igual. con todo el dolor de mi corazón di por terminada aquella historia y ayer descubrí que aún no estoy repuesto.

El lastre sentimental que me arrastra, que me marca, no me deja ser querido. Nada me parece suficiente, estoy tan acostumbrado a complacer, a ir por delante que no dejo oportunidad al otro para que sienta la necesidad de acercarse a mi. Aturdo con mi sobreprotección de madre sumisa y exijo lo mismo que yo doy sin la comprensión de que sólo una persona que se ha sentido dependiente, que cree que nunca nada es suficiente para que el otro lo quiera, puede darlo. A la vez, soy consciente de que no aguantaría a alguien como yo... Estoy luchando contra ello. Una mente traviesa pero virgen en esto de las relaciones sentimentales aunque muy maleada en el mundo sexual me está ayudando más de lo que él cree, sólo espero que tenga paciencia para encajar de la mejor de las maneras mis inseguridades de treintañero cascado por un lastre sentimental.

Y a ti, autor de mi lastre, te digo que sólo te culpo de tu cobardía, porque nunca me quisiste y en lugar de decirme adiós sólo intentaste convertirme en lo que tu querías que fuese de tal forma que a día de hoy aún me estoy buscando.

Yo, por lo menos soy valiente porque me atrevo a buscarme aún a riesgo de que lo que encuentre no me guste. ¿Qué haces tú?

17 febrero 2006

ELLAS


Siempre que me preguntan por Isa y Esther yo respondo que son como mis piernas en esta gran ciudad en la que un día me dió por vivir. Si en algún momento se fuesen, tendría la sensación de ser amputado, no sabría como caminar y la rehabilitación sería muy dura.

Ellas me quieren y, sobre todo, me soportan de la mejor de las maneras. Y es difícil, porque una personalidad como la mía no es aguantable para las pieles ciegas y extremadamente "sensibles", sólo es acta para aquellas que saben ver más allá de sus insignificantes narices. Isabel y Esther, las bellas extremeñas, tan hermanas y tan diferentes, tan hermanas y tan iguales, saben ver, oir, acariciarte con su presencia cuando es necesario y ponerse firmes cuando también lo es. A veces cómplices y a veces enemigas, las quiero sobre todas las cosas, porque en estos momentos mi vida sin ellas sería como andar perdido por las calles de Malasaña en un día lluvioso. Me dan sol, luz, vida. No juzgan.

Isabel, la mujer fuerte y débil, orgullosa y cariñosa, altiva y humilde. Mi Wendy.

Esther, luminosa, niña que ansía ser mujer, dulce, divertida, frágil y enérgica, sincera y mentirosa. Mi Campanilla.

Quiero seguir volando con ellas por Nunca Jamás, y seguir acurrucados en un sofá mientras que Carrie pierde unos Manolos. Imaginarnos en una ilustración de Jordi Labanda y alimentarnos del glamour que un día decidimos que necesitaban nuestras vidas. Quiero seguir adelante con ellas aprendiendo. Mis compañeras, entre quien entre en nuestras vidas, estarán ahí por mucho tiempo.

LA VISITA DEL AMADO BORROSO


A penas quedan unas horas para que vuelva. No hace ni un mes que vi por primera vez sus tímidos y ávidos ojos debajo de esas gafas de pasta transparente que lo hacen convertirse en un Clark Kent valenciano. En ese momento, de desconcierto total, tuve una corazonada. Yo me fio mucho de mi intuición, los años me han demostrado que pocas veces se equivoca. Cuando rocé su piel por primera vez el corazón se me iba a salir del cuerpo, la sangre comenzó a circular a 2000 por hora y la voz me temblaba. Hacía muchos años que no tenía esa sensación. Lo quise desde el principio, como sólo se puede amar a alguien que no se conoce que para mí es la forma más apasionante de amar. Y nunca llegó la decepción. Mi amado borroso, borroso por lo poco definido de una personalidad que aún no conozco, lo que hace que todo sea más emocionante como buen curioso que soy, quiso avisarme de sus defectos supongo que por miedo a provocarme una decepción. Pero se produce en mi una sensación maravillosa que me ocurre con muy pocas personas, sus defectos lo perfeccionan, le hacen resultar encantador e imprevisible, delicioso.

No sé dónde acabará esto, sólo sé que dentro de unas horas se va a producir nuestro tercer encuentro y sólo sé que se me forma un nudo en la boca del estómago al pensarlo.
He querido escribir esto antes de que el martes lo leas en Valencia, para demostrarte que sé que todo va a salir bien, porque "te he encontrado" y cuando uno encuentra en esto del amor al que andaba buscando el círculo se cierra con la perfección de una obra de Leonardo.

Te quiero, Ricardo.

16 febrero 2006

LA PERLA

Ayer terminé de leer La Perla de John Steinbeck. Fue de los pocos momentos placenteros que tuve en un día de estos en que todo te sale mal, como un oasis en medio de un infierno de circunstancias concatenadas.

El dinero, el poder, la envidia, la ambición marcan una metáfora sobre la vida, sobre el lado más negativo del ser humano, que a lavez es lo que le hace ser más animal y por tanto, más humano.

Me sorprende como una vez más lo que leo se relaciona con mi momento vital. Esta semana he tenido largas conversaciones acerca del poder del dinero. Es increible como marca nuestras relaciones sociales, cómo nos puede acercar y sobre todo cómo nos puede separar. Yo era de los que creían en aquello de contigo pan y cebolla, pero resulta que como siempre la realidad se impone y por mucho que me esfuerzo en destrozar ese mito resulta que ese mito está empeñado en destruirme a mi.

Estoy bastante harto de que el dinero marque mis relaciones sentimentales. En el pasado porque el ser amado (ahora algo odiado por el exceso de la mentira) abusaba de mis limitados recursos económicos. Hoy porque mi niño ha recibido una educación en el orgullo, en la independencia y en el uso de lo propio sin tocar lo ajeno. Esto establece una línea que pone a cada uno en un lado y que nos separa más allá de los 300 km de territorio. Porque cuando dos personas están al mismo nivel en lo que a lo económico se refiere es más fácil acercarse pero cuando la balanza tiene más monedas en uno de los lados se establece una separación que marca la relación. Y yo me pregunto ¿seré capaz de destrozar el mito y nivelar la balanza o lo único que conseguiré será cargarmela intentando forzarla para disimular ese desnivel ? En estos momentos no tengo respuesta para esto, lo único que sé es que tengo que irme a limpiar el cuarto de baño.

15 febrero 2006

MI VIDA TRAS UNA PUERTA


Nunca llegas a ser consciente de lo que la vida de una persona puede llegar a depender de los objetos. En mi caso concreto de una llave. Anoche, después de 8 largas horas de trabajo, al intentar abrir la puerta de mi casa mientras enredaba entre los recibos que son habituales en mi buzón, se me partió la llave. Sólo una vez me había pasado algo parecido. En aquella ocasión alguien me robó un abrigo en un bar que contenía todo lo indispensable para el correcto funcionamiento de la vida de un ser humano: llaves, dinero y condones.

Cuando te sucede un percance de este calibre, el cerebro se te vacía de repente, se queda completamente exhausto y la sensación de desesperación y desamparo aunmenta a una velocidad de vértigo, al menos en mi caso. Por no hablar de la inevitable cara de gilipollas.

Por suerte, anoche, tenía encima el teléfono móvil y las tarjetas del banco, e hice lo que últimamente hago cuando me encuentro en estas circunstancias, llamar a mis mamás en Madrid, a las que no sé cómo les voy a agradecer todos los favores que me han hecho en esta semana, que empieza a ser un poquito cansina. Mis niñas, a parte de darme un techo y un lecho, me proporcionaron todo tipo de instrumentos para que protagonizase mi particular capítulo de McGyver, a saber: unas pinzas de las cejas, para intentar sacar el trozo de llave que se había quedado dentro de la puta cerradura; 3 en 1, por si aquello estaba muy seco y había necesidad de lubricarlo y una guía QDQ, para que en el caso de ser un inútil funcional pudiese llamar a un cerrajero. Pues bien, soy un inútil funcional. De McGyver nada de nada, de hecho ahora mismo lo odio con todas mis fuerzas por infundirme falsas esperanzas.

Son las 10.40 de la mañana y espero en la puta calle al amo del calabozo que traerá consigo ese maletín mágico capaz de abrir todas las puertas. En un plazo de una hora me ha dicho y ya van 40 minutos. Probablemente toda su sabiduría acabará con la holgura económica de la que yo presumía este mes y hoy han bajado las temperaturas.

14 febrero 2006

SERÁ PORQUE HOY NO ME FALTA


Sorpresas te da la vida, la vida te da sorpresas... quién me iba a decir a mi, que hace justo un año echaba pestes sobre las relaciones por la boca, que en este día de San Valentín iba a estar más enamoriscado que un niño tonto. De repente uno se descubre a sí mismo teniendo una conversación románticona por teléfono y sonriendo sin rechistar al ver los millones de anuncios con los que nos bombardean en este día "tan especial". ¿Será que yo he cambiado mucho en este tiempo o que lo que nos jode es que nos recuerden que estamos más sólos que la una? Uno se consuela como puede, y si es a golpe de cabreo, pues a golpe de cabreo. El día de San Valentín es como las Navidades, que no nos gustan porque o nos faltan familiares o no hay niños cerca o nos vemos obligados a vivirlas solos. A parte de un claro recordatorio de que el tiempo pasa y no en balde. De repente el tio Joaquín que era el rey de la fiesta y se pegaba unos bailes bárbaros con la tía Leo, está sentado en una silla de ruedas y acaba de estrenar dentadura postiza y todos lo miran y piensan, con lo que él ha sido. Esto es igual que los cumpleaños, otra fecha para que "nos quede bien claro" que el tiempo pasa. Cuando uno cumple 10 años flipa, el mundo acaba de empezar y todo está lleno de colores. Cuando cumples 20 te pillas una borrachera del copón y, aunque el mundo empieza a estar un poco más gris, está ahí esprándote para ser cambiado. Cuando cumples 30, empieza a joderte el simple echo de cumplir años, no quieres que te recuerden lo que ya sabes (que conste que no es mi caso, yo creo que me voy a morir de un ataque de Nunca Jamás), que ni el mundo está lleno de tantos colores ni es tan fácil de cambiar. Y una de esas cosas difíciles de cambiar, por no llamarlo pura utopía, es que manda el dinero. Precisamente porque lo que manda es el dinero, a alguien se le ocurrió inventarse esta fecha. Y un montón de gente lo ve fatal, yo entre ellos. ¿Pero por qué será que ahora, que está a punto de terminar este día, todo me parece diferente? Como diría El Jinete del Resplandor, Maravilloso.

10 febrero 2006

EL DÍA QUE MURIÓ MARILYN






Y entonces los miré a todos, observé sus renuncias, sus pequeños, miserables pecados, acurrucados bajo el último refugio de su moral ruin. Y supe, ya definitivamente, cómo envidiaba su hipocresía, su posibilidad de ser felices, esa tranquilidad de los canallas que yo nunca conoceré.


Terenci Moix

QUÉ RARO SOY, NO VOY AL PSICÓLOGO


Estas navidades hablando con mi amigo Roberto nos dimos cuenta de que estamos rodeados de personas que están en tratamiento psicológico. No puedo evitar preguntarme ¿esto es normal?, ¿acaso el raro soy yo por no acudir a ningún especialista? o ¿los raros son los demás por no asumir que no son raros?

Sea lo que sea, algo está pasando. Montones de personas jóvenes, atractivas, con solvencia económica, inteligentes y con todos sus dientes van camino de las sesiones de un señor de cuyo trabajo yo particularmente no me fio.

Sé que habrá más de uno que cuando lea esto se llevará las manos a la cabeza pero como un día me dijo mi amiga Reina, yo creo que los psicólogos son los curas o los barmans del siglo XXI. No les otorgo más poder que ese.

Me pregunto por qué cuando nuestros abuelos o nuestros padres tenían nuestra edad no tenían esa necesidad de acudir a que alguien les descifrase sus pensamientos. Nuestros progenitores pasaron por mil penurias. Mi abuela, sirva como ejemplo, pasó por una Guerra Civil que incluía un viaje hacia Valencia con una hermana parapléjica en una tabla en el que la familia se fue separando y una postguerra que incluía, a parte de la falta de recursos económicos, el descubrir que un señor militar muy digno se había apropiado de las posesiones de su familia, que su hermano había perdido una pierna en el frente y que su padre incapaz de soportar todo esto había decidido suicidarse. Pues bien, la señora Juana, que es como se llama mi abuela, lo cuenta todo con una sonrisa en la boca, como si de una película se tratase. Persona fuerte donde las haya.

Sin embargo bastantes de mis amigos están yendo a que un señor por una bonita cantidad de dinero les trate, por no hablar del consecuente chute de pastillas aletargantes o excitantes.

Mi opinión, que como siempre digo y que quede claro, es mi opinión y además es muy humilde, es que en estos tiempos en que tenemos de todo, en que estamos hipercomunicados, pensamos demasiado en nuestro propio ombligo, y claro está, cuando uno piensa mucho en sí mismo, acaba por encontrarse problemas que le llevan a una crisis.

Una de estas amigas, cuyo nombre por respeto no voy a mencionar, me dijo un día "voy al médico de cabecera para que me de unas pastillas", según ella desde que la estaban tratando no tenía una sensación de angustia que la acompañaba desde hacía tiempo. Esa ansiedad estaba causada porque no entendía el sentido de la vida pero ¿las pastillas le ayudan a entender el sentido de la vida o simplemente hacen que no piense en tantas chorradas? porque NADIE sabe el sentido de la vida, y que quereis que os diga a mi me la suda cual sea, sólo espero vivir el máximo tiempo posible sin sucumbir al vicio del psicólogo. Aunque me parece que yo tampoco estoy libre de tan suculenta tentación.

08 febrero 2006

¿MADUREZ?


Vaya de antemano, que la madurez me parece una gilipollez que alguien decidió inventarse un día en el que necesitaba sentirse por encima de los demás. ¿Qué coño es ser maduro? A mi me parece una forma cruel de limitar cada acto espontáneo que se nos pasa por la imaginación. Una forma más de convertirnos en seres correctos, aborregados, que caminan en línea recta sin salirse del caminito indicado como burros con los ojos tapados. Porque está claro que hay actos maduros y actos inmaduros. ¿Dónde está escrito cuál es cuál? Porque yo no lo sé. Esto es como lo de ser bueno o ser malo, puta moral de los cojones que nos estupidece como los catequismos y las doctrinas absurdas.

Hay personas que se pasan la vida acusando a los demás de inmaduros, otros que por sentirse infantiles se sienten culpables. ¿Cómo un chaval de 20 años puede fustigarse, pensar que no está a la altura de las circunstancias por realizar actos propios de los 20 años y cómo uno de 22 puede señalar con el dedo inquisitivo a éste por comportarse como lo que es, un niño?

La inmadurez , en mi modesta opinión, es no comprender que no existe la madurez como concepto judeo cristiano, condenada religión que se nos mete en el cuerpo por los lugares más insospechados.

Lo único que este servidor acepta como ejemplo de ese concepto tan manido y usado para criticar cualquier cosa es la empatía, la capacidad para ponerse en el lugar del otro, meterse en sus zapatos, entenderle y no juzgar a la ligera, cosa que parece que nos gusta mucho.

El que esté libre de pecado que tire la primera piedra.

Os invito a que entreis en la siguiente página web y leais lo que una pandilla de personas que creen que saben lo que es correcto y lo que no se permiten el lujo de explicarnos cómo alcanzar tan elevada virtud.

http://www.ideasrapidas.org/madurez.htm

Yo me rio de esto, pero que cada uno saque sus propias conclusiones.

07 febrero 2006

NO SÉ QUÉ ME DAS

A Ricardo
Puede que sólo sea artificial
Puede que a mi manera, me sirva para olvidar
Prometí que nunca, volvería a caerPero esta vez no lo quiero evitar
Es que me hace volar
Como el águila que vuela en libertad
Sobre el valle lejos de la tempestad
Como el viento cuando cruza la ciudad
Con el rumbo fijo y sin mirar atrás
No sé qué me das
Que me hace volar
No sé qué me das
Que me hace volar
Más alto de lo que nunca soñé
Puede que sólo dure, un poco más
Dicen que lo sube, también tiene que bajar
Como el sol entre las nubes
Hacia el horizonte irá
Sabiendo que mañana amanecerá
Es que me hace volar
Como el águila que vuela en libertad
Sobre el valle lejos de la tempestad
Como el viento cuando cruza la ciudad
Con el rumbo fijo y sin mirar atrás
No, no sé qué me das
Que me hace volar
Como una montaña se vuelve volcán
No sé qué me das
Y de un remolino surge un huracán
No sé qué me das
Como una granada a punto de explotar
No sé qué me das
Como el Dr. Jeckyll se transforma en Hyde
Que me hace volar.
Fangoria

05 febrero 2006

DUDAS



Tengo mil dudas. Dudo acerca de todo en todo momento. Mis mayores momentos de paz son aquellos en que vacío el cerebro huyendo de pensamientos que de ser excesivamente desarrollados llevarían mis pasos camino de un psicologo o psiquiatra, con la manía que les tengo. La incertidumbre se apodera de mi y se me coge un nudo en la boca del estómago que tira hacia abajo arrastrando a todo los órganos hasta tener la sensación de ahogo que me desespera. Hay cosas que no se pueden obviar. Hay pensamientos que aparecen en tu cabeza y no puedes desprenderte de ellos. No hay programa de televisión cutre ni libro que ayuden a borrarlo de tu mente durante unos segundos. Llamas a un amigo sin saber muy bien si esperas que te de una solución o que te sirva de elemento aletargante. Cuelgas el móvil y la desesperación crece, las dudas siguen ahí y ahora más fuertes por haberlas hecho más presentes, por haberlas verbalizado. En estos momentos en que ni siquiera el tabaco ayuda nunca sé qué hacer. Miro el teléfono como esperando una escapatoria sabiendo que no existe, que tendré que convivir con eso a pesar del dolor que me causa. Quiero dormir y no puedo.

03 febrero 2006

EL FINAL DEL CUADERNO AMARILLO

He puesto fin a la pagina 23 de mi cuaderno amarillo. Aquel que empecé en enero del año pasado con la intención de aumentar a toda prisa el número de nombres a apuntar en él. 30 han sido los nombres. 30 las notas que he puesto a su lado. Un año intenso, de recuperación, de vivir lo no vivido con desfogue y alevosía.Tiempo de cambios, ahora como dice La Agrado en Todo sobre mi madre, creo ser más auténtico porque me parezco más a aquello que soñé de mí.

Ahora toca un nuevo giro de tuerca. Después de haber acariciado, besado, gozado con esos 30 nombres (alguno hubo que no me proporcionó nada de esto pero al menos supuso una experiencia en mi aburrida biografía), siento que llegó la hora de parar, de deleitarme en el doloroso placer del amor. Alguien me dijo entre las sábanas "a mí no me gustaría figurar en un cuaderno así", ese fue el momento en el que sentí que una época de mi vida había pasado y que comenzaban nuevos tiempos. Por fin, llegó, parece que lo encontré.

El cuaderno amarillo ahora sólo servirá para apuntar notas, la lista de la compra o recordatorios de asuntos de trabajo. La página 23 queda cerrada en el número 30. En este momento espero no tener que volverla a abrir.

EL PEQUEÑO DORMILÓN

Yo soy de los que tienen el móvil encendido a todas horas, como si estuviese disponible para todo en cualquier momento. Hay gente que lo apaga para dormir o para que no le molesten.
Pequeño, eso te pasa por tener el teléfono encendido a estas horas. ¿Acaso eso siginifica que estás disponible?Aunque sea de mal humor, me parece que sí. Así no hay forma de darte unos buenos días como Dios manda. Supongo que cuando leas esto me volverás a querer igual que antes. Eres lo más bonito que he visto.

02 febrero 2006

MOBY DICK


Siempre he sido un niño gordo. La culpa según mi madre la tiene mi abuela. De pequeño, para aliviar el mal momento económico de mis padres, me pasaba los tres meses de verano en Lanjarón (Granada) custodiado por mis abuelos. Fueron varios años en que los veranos eran símbolo de felicidad completa. Mi vida parecía un continuo capítulo de Verano Azul. Yo era una especie de Tito con su Bea, su Javi y todo un sin fin de personajes que alegraban y engordaban sin yo saberlo mi exceso de nostalgia.

Tanta era la felicidad, que a la vuelta parecía que me la había comido toda. Mi madre horrorizada, le echaba la culpa a mi abuela y le decía "pero tú que le has dado de comer a este niño". Y el niño, se lo había tragado todo, pero como era pequeño y guapo nadie se había dado cuenta. Es lo que tiene el mundo estival. Uno se mete dentro de ese ensueño de verano sin darse cuenta de que está aumentando las tallas de pantalón por momentos.

Ahí fue cuando empezó mi drama personal. Mi gordura unida a una pluma, que yo como crío no veía, alimentaron una leyenda que se extendió del colegio al instituto y que marcó mi pubertad. Bienvenido al mundo de la marginación escolar, que en este momento me parece muy intersante pero que en aquella época de granos y pajas era una auténtica putada. Todo en mi vida lo marcaba el exceso de kilos y no es que comiera demasiado, pero como tenía pocos amigos y no salía mucho a la calle, me pasaba las horas sentado en mi casa y como me pasaba las horas sentado en mi casa no tenía amigos. Un claro caso de pescadilla que se muerde la cola.

Intenté hacer 2000 veces algún régimen, aguantaba estoicamente que la gente con lástima me dijera cosas del tipo "con lo guapo que eres de cara que pena que estés tan gordo", y se quedaban más anchos que largos (qué hija de puta es la gente y los peores son los que van de sinceros por la vida). Pero la verdad es que cuando yo en la intimidad de mi habitación me miraba en un espejo que mi padre había colocado en el interior del mini armario empotrado, me veía bien, me sentía bien.

Cumplí 18 años y me admitieron en la Universidad Complutense de Madrid. Una nueva vida en un lugar desconocido. No quería arrastrar la pesada mochila que llevaba a las espaldas y decidí que había llegado el momento de descargar para empezar a llenar. Reciclé mi pluma e hice un régimen controlado por una doctora bastante maja, de las que no te miran con condescendencia y hacía ejercicio a todas horas, por una vez tuve fuerza de voluntad. Los kilos empezaron a bajar a la vez que mejoraba la imagen que tenía la gente de mi. Es curioso pero tú eres el mismo y los demás no. Pasé de ser un marginado a ser el líder de mi grupo en cuestión de tres meses y 20 kilos de menos. La gente que antes me tomaba a guasa, empezó a tomarme en serio. Esto sólo lo sabe el que lo ha vivido. Hay pocos cuentos tan ciertos como El Patito Feo.

A partir de aquí hay pocos datos nuevos interesantes. Mi vida en Madrid fue completamente diferente. Pero nadie me había hablado de una lacra que se queda en tu cabeza para siempre, lo que yo llamo el Complejo del Niño Gordo.

Dicho complejo consiste en que por mucho que a uno le haya cambiado el físico, por mucho que se haya convertido en el cisne, las inseguridades propias de la adolescencia provocadas por la obesidad siguen ahí. Se experimenta una especie de manía persecutoria, de no terminar de creerse lo bueno que uno tiene, lo que provoca que sea muy difícil fiarse de los demás y por tanto, de integrarse en grupos sociales. Necesitamos que nos estén diciendo a todas horas que somos estupendos, que nos merecemos lo que tenemos. Estamos acostumbrados a recibir todo lo negativo de los demás, nos hemos creado una capa protectora que nos filtra toda la información perniciosa y nos hace más fuertes, pero que a la vez nos distancia. No es una distancia elegida, nos hace pasarlo mal. Por eso, cuando alguien se nos acerca podemos llegar a hacer de todo para ponerles a prueba.

Creo que me he enamorado, y digo creo porque yo estas cosas las pongo en periodo de prueba durante un largo tiempo. Tengo esa sensación maravillosa de "haberle encontrado". Nunca me había pasado. Este niño con cara de judiito, de repente me hizo sentirme querido en cinco días estupendos más de lo que ninguna de mis tres parejas anteriores lo hizo nunca. Y ahora viene el problema, he descubierto que no soy capaz de asimilar las cosas positivas. El Complejo del Niño Gordo me tiene tan marcado, que me superan todos los halagos, no soy capaz de creer que me los merezco. Qué putada. Puedo asumir que me llamen Moby Dick con una sonrisa e incapaz de aceptar cualquier tipo de piropo. Uno empieza a amar a alguien pero el miedo me posee y empiezo a pensar que esta lacra me puede distanciar del intento de acercamiento de los que me quieren. Vulnerable me hallo más de lo que en mucho tiempo he estado. Espero que el niño judio me cure aunque sea un poquito.

01 febrero 2006

CASI TREINTA


Cuando yo tenía 18 años me planteaba como sería mi vida cuando tuviese 30. Me veía a mi mismo como un hombre hecho y derecho, con una seguridad aplastante, con un mundo hiperconstruido donde todo ocupaba un lugar perfecto que yo movía a mi antojo. Nada se interponía en mi camino, mi mundo sería controlado por mi con pequeñas interferencias que evidentemente no alterarían mi existencia porque sabría como sacudirlas sin ni siquieera mancharme.

Pues bien, quedan pocos meses para que cumpla esa edad, que parece que marca la vida de una persona. He visto mil películas, series de televisión y he leido muchos libros en los que los treintañeros deambulaban por un mundo que aunque yo creía que comprendía, realmente empiezo a comprender ahora. La gran conclusión, algo triste por su exceso de realismo, es que cumplir treinta años se parece mucho a la llegada a la adolescencia. Los complejos vuelven, la sensación de que nadie te comprende, las inseguridades aparecen siempre cuando menos las necesitas. Sin embargo, mientras que en la pubertad todo esto se debe a una falta de experiencia y compresión sobre el mundo que te toca vivir, en la treintena, es por todo lo contrario, uno empieza a estar lo suficientemente maleado como para no fiarse de nada ni de nadie. Esto es horroroso, porque ante todas las experiencias que se te pasan por delante colocas dos millones de filtros, que cuando por fin te decides a quitar descubres que ya ha pasado el momento. Todo queda resumido en que te surge de repente una cualidad, una tendencia inevitable a cagarla.

A todo esto se suma que mi genaración, la de aquellos que nacimos en los años 70, cuando España luchaba por cambiar llena de ilusiones hacia un futuro prometedor, cual adolescente que se imagina cómo será su vida a los 30, es una generación muy infantil. Nosotros nos criamos viendo Barrio Sésamo, el Un, dos, tres, Heidi... Las generaciones siguientes lo han hecho con Al salir de clase, Chicho terremoto o Bola de dragón. Menudo cambio.

Cuando alguien de mi edad, mejor dicho, cuando yo conozco a alguien que ronda la veintena (no sé si por suerte o por desgracia en este pasado año he conocido a muchos),se produce en mi un ansia de curiosidad acerca de como vive la vida. No puedo evitarlo, pero me surge la pretensión de convertirme en un ser vampírico y contagiarme de su vida, convertirlo en un elemento catartico que expulse de mi cuerpo todos esos miedos que los años me han colgado encima. Inocente de mi. Olvido que estos niños mutantes, pragmáticos sobre todas las cosas, osados, saben latín en cuanto a las artes del savoire vivre, así que al final acabo escaldado y con más inseguridades de las que tenía cuando empecé mi camino... algo bueno tenía que tener educarse con al salir de clase.

Estos niños mutantes buscan en la figura del treintañero todo lo que ellos se imaginan que serán cuando tengan su edad, seguridad y dinero, casi siempre (con honrrosas excepciones, aún queda alguno inteligente). Después de un tiempo en que el actor de tres décadas empieza a cansarse de interpretar el pesado papel de lo que debería ser, de aparentar todo aquello que no tiene razón de ser, porque la cabra tira al monte, como diría mi amiga Nieves, el dulce Tadzio siente como la estafa le da en la cara. A partir de ese momento, se establece un juego cruel en el que simplemente por fortaleza y tiempo ya se sabe quién será el ganador desde un principio. Tadzio continúa su búsqueda, el treintañero tirado en el suelo pone a dios por testigo de que esa situación nunca se volverá a repetir... pero la cabra tira al monte.

EMPIEZO