28 junio 2006
27 junio 2006
PETER PAN & WENDY
El mito de Peter Pan siempre me había encandilado. La idea que la película de Disney me dejó sobre él cuando era pequeño convertían al pequeño Peter en un héroe. Un niño valiente que había decidido que el mundo de los mayores no era para él y que prefería quedarse junto a la pequeña Campanilla y los Niños Perdidos en Nunca Jamás viviendo aventuras sin fin. Ese niño era alegre, osado, tierno, pizpireto, sagaz, inteligente, divertido, conciliador... Era el ejemplo del crío perfecto que todos en algún momento quisimos ser. He escuchado millones de veces a millones de adultos compararse a sí mismos con Peter Pan siempre aludiendo a las virtudes del héroe.24 junio 2006
SAN JUAN SIN SU NOCHE
Me llamo Juan, así que en teoría hoy es mi santo. Soy de Córdoba y allí, a diferencia de un gran número de localidades españolas, no existe celabración alguna para tan insigne, mágica y extraña fecha, en la que el sol decide darnos más horas de luz que nunca y la noche se encoge anunciándonos que empieza el verano. De hecho nunca he vivido una noche de San Juan, nunca he bailado a la luz de una hoguera, nunca he quemado nada en ese fuego purificador, nunca me he mojado con ese agua que según las brujas libera y limpia tu alma, nunca festejé ese día más allá de unas felicitaciones por teléfono y lo cierto es que me da envidia, cuando otros en otros lugares lo hacen. En mi tradición esta festividad pasa como un día más, cuando veo imágenes por televisión o amigos me relatan su diversión me pregunto cuándo me tocará a mi vivir una noche que por mi nombre es más mía que de nadie. Puede que el año que viene agarre mis miserias y me vaya a quemarlas al son de alguna música en una hoguera junto al mar. 23 junio 2006
VERANO AZUL
Hace mucho calor. El verano empezó hace dos días y parece que estamos en pleno agosto. el sudor me recorre por todo el cuerpo frente al ventilador que está a punto de pararse por descarga eléctrica. Bebo té helado a grandes sorbos, como si se me fuese la vida en él. En este momento de bochorno e inmovilidad de los músculos, a penas puedo hacer otra cosa que dejar mi mente viajar y elige como destino aquellos momentos en que disfrutaba de tres cortos meses estivales. Cuando un pequeño Juan, viajaba con sus abuelos hasta un precioso pueblo de la Alpujarra granadina, Lanjarón. Recuerdo a mi pandilla, a Fran, a Ignacio, a Marcos, a Susana, a Julia... Recuerdo con una sonrisa en los labios lo mimado que estaba por todos ellos, los largos juegos a la sombra del toldo del hotel, las horas de siesta impuesta por mi abuela, los chapuzones en la piscina del Castillo. Yo tuve mi especial verano azul, yo fui un Tito con su Bea y su Piraña, yo lamía helados sin más preocupación que la aventura que nos atraparía ese día. Aquellas correrías de críos, en las que presencié incluso un asesinato y un suicidio que para nosotros no fue más que el principio de una investigación policial que nos llevaba por derroteros parecidos a los de Los Cinco, mientras que para nuestros mayores era el comienzo de una frustración venidera que nos marcaría para siempre con años de psicólogos. La risa y el descubrimiento lo inundaban todo.
Yo tuve mi especial verano azul, ¿tú tuviste el tuyo?
21 junio 2006
A CONTINUACIÓN
Todo vuelve a la normalidad, todo se asienta después del jaleo de los últimos días, la cotidianidad regresa y hasta cierto punto me alivia. El niño judío regresó ayer a su pueblo, me dio mucha pena, como siempre que me enfrento a ese momento en que lo veo subir al autobús, pero por otra parte estoy satisfecho porque en estos veinte días hemos tenido tiempo suficiente para conocernos de verdad, para aceptar al otro tal y como es, para cogernos el punto definitivamente. Y soy feliz porque lo vi por dentro y él me vio a mi. Su partida no ha sido como la de otras veces, en esta ocasión la serenidad ha prevalecido por el convencimiento que otorga la seguridad en lo que tienes entre las manos. Volverá, con menos nervios, con menos miedos, con más paz.
19 junio 2006
16 junio 2006
EN EL PRINCIPIO...
Cuando yo tenía 18 años me planteaba como sería mi vida cuando tuviese 30. Me veía a mi mismo como un hombre hecho y derecho, con una seguridad aplastante, con un mundo hiperconstruido donde todo ocupaba un lugar perfecto que yo movía a mi antojo. Nada se interponía en mi camino, mi mundo sería controlado por mi con pequeñas interferencias que evidentemente no alterarían mi existencia porque sabría como sacudirlas sin ni siquiera mancharme.Pues bien, quedan pocos meses para que cumpla esa edad, que parece que marca la vida de una persona. He visto mil películas, series de televisión y he leido muchos libros en los que los treintañeros deambulaban por un mundo que aunque yo creía que comprendía, realmente empiezo a comprender ahora. La gran conclusión, algo triste por su exceso de realismo, es que cumplir treinta años se parece mucho a la llegada a la adolescencia. Los complejos vuelven, la sensación de que nadie te comprende, las inseguridades aparecen siempre cuando menos las necesitas. Sin embargo, mientras que en la pubertad todo esto se debe a una falta de experiencia y compresión sobre el mundo que te toca vivir, en la treintena, es por todo lo contrario, uno empieza a estar lo suficientemente maleado como para no fiarse de nada ni de nadie. Esto es horroroso, porque ante todas las experiencias que se te pasan por delante colocas dos millones de filtros, que cuando por fin te decides a quitar descubres que ya ha pasado el momento. Todo queda resumido en que te surge de repente una cualidad, una tendencia inevitable a cagarla.
A todo esto se suma que mi genaración, la de aquellos que nacimos en los años 70, cuando España luchaba por cambiar llena de ilusiones hacia un futuro prometedor, cual adolescente que se imagina cómo será su vida a los 30, es una generación muy infantil. Nosotros nos criamos viendo Barrio Sésamo, el Un, dos, tres, Heidi... Las generaciones siguientes lo han hecho con Al salir de clase, Chicho terremoto o Bola de dragón. Menudo cambio.
Cuando alguien de mi edad, mejor dicho, cuando yo conozco a alguien que ronda la veintena (no sé si por suerte o por desgracia en este pasado año he conocido a muchos), se produce en mi un ansia de curiosidad acerca de como vive la vida. No puedo evitarlo, pero me surge la pretensión de convertirme en un ser vampírico y contagiarme de su vida, convertirlo en un elemento catártico que expulse de mi cuerpo todos esos miedos que los años me han colgado encima. Inocente de mi. Olvido que estos niños mutantes, pragmáticos sobre todas las cosas, osados, saben latín en cuanto a las artes del savoire vivre, así que al final acabo escaldado y con más inseguridades de las que tenía cuando empecé mi camino... algo bueno tenía que tener educarse con al salir de clase.
Estos niños mutantes buscan en la figura del treintañero todo lo que ellos se imaginan que serán cuando tengan su edad, seguridad y dinero, casi siempre (con honrrosas excepciones, aún queda alguno inteligente). Después de un tiempo en que el actor de tres décadas empieza a cansarse de interpretar el pesado papel de lo que debería ser, de aparentar todo aquello que no tiene razón de ser, porque la cabra tira al monte, como diría mi amiga Nieves, el dulce Tadzio siente como la estafa le da en la cara. A partir de ese momento, se establece un juego cruel en el que simplemente por fortaleza y tiempo ya se sabe quién será el ganador desde un principio. Tadzio continúa su búsqueda, el treintañero tirado en el suelo pone a dios por testigo de que esa situación nunca se volverá a repetir... pero la cabra tira al monte.
15 junio 2006
14 junio 2006
EL MUNDIAL Y LA COMPUTADORA
Hoy no tengo muy claro si hablar del partido de España en el Mundial de Alemania 2006 o del nuevo habitante que hizo acto de presencia en mi hogar en la tarde de ayer.Después de tener que ver tres programas de fútbol al día y varios partidos en directo por motivos laborales hasta un odioso del "deporte rey", como el que escribe estas líneas, no puede evitar engancharse. De repente, me he descubierto a mi mismo pegando botes en la silla con cada gol de la selección española (y eso que yo siempre he sido antinacionalismos de todo tipo) ante Ucrania (4-0) y lo que es aún peor, sintonizando en la radio del coche la Cadena Ser para escuchar las noticias que sobre el Mundial se dan en cada momento. Vamos que me estoy poniendo al día en lo que a fútbol se refiere más de lo que lo he hecho en mi vida. A dios pongo por testigo de que esto será sólo una fiebre pasajera y no me encontrareis en la próxima temporada pegando gritos en un estadio con la cara pintada con los colores de algún equipo, seguiré siendo anti-fútbol aunque en estos momentos tenga la psique algo alterada.
Por otro lado, ayer mi casa se llenó de alegría y alborozo, cuando un nuevo miembro se unió a mi familia, con la sonrisa de oreja a oreja de Ricardo que podrá llenar sus horas de soledad sin desquiciarse por la lentitud del anterior habitante.
Cuando tengo que ir a comprar cosas que no entiendo pero que necesito me siento una mezcla de Paco Martínez Soria en el Palace y Carmen Ruso en Supervievientes, cateto y atacado. Después del asesoramiento de mi amigo Roberto y del niño judío y del chantaje emocional al que fui sometido por el dependiente por no aceptar la garantía de la tienda, cuyo importe me daba para comprarme medio ordenador más, salí del lugar más feliz que un regaliz a la caza de un taxi que nos transportara a nosotros y a nuest
ros nuevos ciberamiguitos a mi casa. Un bello ordenador con una pantalla que se ve como dios y una velocidad que quita el sentío. Por fin podré disfrutar del emule, jugar sin miedo a que se me cuelgue sin haber guardado la partida y lo que es más importante, esa imagen ridícula de Juan tirado en el suelo con el ventilador pegado al cuerpo para que el puñetero y anquilosado portátil no se apagara ha pasado a la historia. Media paga extra invertida, pero que gusto da ver a Compact en la mesita de la habitación del armario empotrado.Quién me iba a decir que mi felicidad se vería aumentada por obra y gracia de los ordenadores y el fútbol.
13 junio 2006
COMO EN UN CUADRO DE HOPPER
El domingo, en uno de esos paseos tranquilos de anochecer, después de una tarde algo complicada, acabamos en la Fnac mirando libros. Desde hace unos meses me atrae mucho la obra de Eduard Hopper y, aprovechando el 25 aniversario de la Taschen decidí comprarme un libro del pintor por el módico precio de 9 euros. Ricardo afirma tajantemente que no lo voy a leer, yo por una vez voy a sacar mi orgullo a pasear y a leermelo (o por lo menos a intentarlo).Viendo por encima las páginas y las fotos de su obra, sentados en el suelo de La Latina, empecé a sospechar por qué me atraen tanto esas imágenes. Su luz quieta, sus personajes aislados, mediocres, resignados, sus lugares tan comunes que ni siquiera resultan ordinarios. Así me siento últimamente, desnudo y estático mirando desde mi cubículo a través de una ventana por la que entra una fuerte luz que hace adivinar que en la calle el sol brilla.
Hasta hace unos días creía que mi entrada en la treintena había sido gloriosa pero una serie de acontecimientos yuxtapuestos me han hecho ver que la realidad no es esa, así que he decidido dejar de engañarme a mi mismo y afrontar este tránsito con la mayor dignidad posible, aunque yo nunca he tenido muy claro el uso práctico de la dignidad. El tiempo me ha caído encima como una losa. Me encuentro a la espectativa de espectativas, con ganas de tener ganas.
Ayer fuimos a cenar a casa de Esther e Isa, a ésta le quedan unos días para cumplir los 30 y allí que nos pusimos a debatir ante la mirada escondida detrás de un cojín de Ricardo. Los años han pasado y ya hemos conseguido aquello que necesitábamos por encima de todas las cosas, lo que casi todo el mundo ansía cuando está recien salido de la pubertad, la independencia económica. Por otro lado, ya hemos superado el trauma que supone la aceptación de la muerte de los sueños adolescentes. ¿Y ahora qué? ¿Cúales son las metas? ¿Cúal es el rumbo que debo tomar? La falta de ilusiones me hace sentirme un viejo prematuro a pesar de mi tradicional vitalidad. Necesito nuevos alicientes fuera de las relaciones amorosas y amistosas, porque cuando todo tu vacío intenta llenarse de ellos lo único que se consigue es que tus seres amados salgan corriendo aturdidos por la intensaidad de tu abismo.
Puede que por todo esto tenga esta tendencia a relacionarme con personas más jóvenes, de beber de sus gustos, de no perder las riendas del mundo, de contagiarme de su vida. No quiero ser uno de esos que cuando se tumban en su sofá con una cerveza en la mano piensan que cualquier tiempo pasado fue mejor. Habrá que coger fuerzas, volver a buscar caminos y canales que me lleven a nuevas metas. Una nueva edad y una nueva forma de vivir la vida, me hago mayor pero tener cerca de mi lado al niño judío me ayuda a no quedarme atrás. Después de todo prefiero ser Lestat a Hommer Simpson.
11 junio 2006
AMERICAN BEAUTY
10 junio 2006
EL VIENTO A FAVOR
Nunca tiré la toalla y espero no llegar a tirarla nunca. Supongo que lo de ser guerrero se lleva en los genes, no lo tengo muy claro pero en el fondo no me importa de dónde viene esa fuerza que hace que cuando las cosas ya no pueden ir peor uno saque la cabeza como puede luchando contra el plomo que atado a tus tobillos tira hacia el fondo del lago de la desidia. He comprobado que con los años me voy debilitando poco a poco, le quito cada vez más la importancia a casi todo pero a la vez los grandes temas se me hacen cada vez más difíciles. Esa tendencia a la falsa cobardía me viene de familia, mi madre siempre la ha ejercitado, los obstacúlos se nos hacen insondables en principio pero los sorteamos con nota cuando no queda más remedio que arrojarse a ellos.
Nunca me gustó mucho Bunbury, pero mi amiga Reina era fan del ex de Héroes del Silencio. Cada vez que pisábamos su apartamento de la calle Bravo Murillo nos recibía con el cantante de fondo emocionada haciendo su particular karaoke. Reina se fue a ver mundo y para acordarme de ella decidí comprarme ese disco que tanto había oído en aquellos días de pobreza integral y aceptación de la muerte de los sueños adolescentes. En uno de mis trayectos en coche por las calles de la gran ciudad me fijé en esta canción, y me engulló. Expresaba a la perfección todo lo que en aquel momento se me estaba pasando por la cabeza y no sabía sacar a la luz. Desde entonces la tengo como un himno que me recuerda que cuando uno entra en la espiral de la ansiedad, cuando los problemas se concatenan, cuando mires a donde mires nada parece tener solución hay que hacer un último esfuerzo porque más tarde o más temprano el viento sopla a favor. Y dejarse llevar por ese aire liberador que te empuja hacia una nueva situación es muy placentero sobre todo si tú lo has puesto antes todo de tu parte. Todas las ruinas, todos los escombros se transforman en polvo que se marcha barrido por ese viento primaveral que te empuja a construir desde cero lo que quieras, porque tienes toda la vida por delante para disfrutarlo.
07 junio 2006
TE VEO
06 junio 2006
ENCOGIDO Y ESTIRADO
No tienes nada destacable. Nada que nadie pueda admirar, ninguna cualidad más allá de ser buena persona y buena persona es cualquiera mientras no se demuestre lo contrario. Te sientes encogido por las circunstancias, el mundo se te hace muy grande, tan grande que cualquier paso que des en él será un paso perdido. Dibujas bien pero no eres el mejor, escribes bien pero no llegas a expresar todo lo que quieres, cocinas bien pero los paladares más remilgados no te destacarían. En ese momento en el que te das cuenta de que eres un mediocre la inseguridad se hace presa de ti, te atrae, te devora, te mira por encima del hombro y provoca que tu autoestima empiece a bajar por las escaleras mecánicas de los actos incomprensibles a ojos ajenos. Duermes encogido de cara a la pared intentando imaginar un mundo donde tu amado te vea como un genial Picasso, un mágico García Márquez o un sofisticado Adrià. 05 junio 2006
IMPOTENCIA
De todos los sentimientos el que más me agobia es el de impotencia. No poder hacer nada cuando el cuerpo te pide una solución a gritos me provoca un desasosiego tal que en ese momento mi cerebro no es capaz de tomarse un descanso y aislarse del problema, sólo sabe machacarme sobre esa misma idea hasta tal punto que me convierto en un incesante imparable capaz de abrumar al má fuerte. Tengo razón y lo sé, no soporto que el que tengo en frente no me la de aún sabiendo que en las mismas circunstancias él estaría igual de enfadado que yo y en ese momento empieza mi lucha y no sé pararla. La única diferencia es que aquello de que la venganza se sirve en plato frío no va conmigo, no sé relajarme y hacer como que paso página quedándome con el sentimiento a la espera de ser expulsado de mi cuerpo y lanzado a la espalda del otro como un puñal que se clava desde la distancia. De tanto batallar en muy poco tiempo acabo perdiendo el fuelle y poco a poco el tema pasa al olvido. Pero la impotencia sigue ahí, aturdiéndome, mirándome desde detrás de una esquina de un callejón oscuro a la espera de otro momento en el que atacarme y normalmente se pone en mano de los demás que saben como usar ese arma de doble filo en mi contra, agarrándome del esófago y tirando hacia abajo, hasta el punto en que me quedo exhausto.
04 junio 2006
03 junio 2006
PARPADEO
Mientras miro todas las malditas pantallas de las que estoy rodeado, mientras parpadeo sin cesar para hacer frente a la sequedad de los ojos, mientras Tom Cruise interroga a Kiefer Sutherland, no puedo dejar de pensar en lo injustos que pueden llegar a ser los momentos vitales en la vida de las personas. Mientras sufro mi segundo día del turno de noche y el pobre niño judío hace frente al sueño y al miedo que una historieta sin sentido le produjo en mi casa, no puedo dejar de pensar en que yo no debería estar donde estoy sino sumergiéndome junto a su piel bajo mis sábanas, sintiendo el calor de su cuerpo acurrucado junto al mío y depositando mi aliento de sueño tranquilo en su nuca. Las horas son lentas cuando uno no está donde siente que debe estar y el tiempo se siente más precioso cuando se adivina perdido. Sin embargo, a veces uno está dónde siente que tiene que estar y no por ello alguna estupidez le hace dejar de perder el tiempo. Ahora comprendo más que nunca que yo provoco lo que tengo.




































