
La amistad es algo débil. Un día te sientes unido a alguien con carácter irreversible pero el tiempo pasa y los cuerpos evolucionan y lo que ayer fue un "te quiero para toda la vida" de repente puede mutar en un "no te soporto" si uno no ha ido observando y asumiendo los cambios que se obran en las personalidades ajenas.
Miriam ha cambiado. Desde hace algunos años veo como ha ido mutando en lo que es ahora. La adoro y la adoraré porque yo a los que quiero los quiero para siempre, pero creo que si no me hubiese ido a vivir a Madrid hace 12 años ahora mismo no sería amigo suyo por incompatibilidad de caracteres. Durante mucho tiempo ha estado rodeada de personas complacientes, de esas que nunca te dicen lo que haces mal, de esas que te bailan al agua todo el tiempo, de esas que te hacen creer que no cometes errores. Sólo Gema, su madre y yo la hemos puesto en su sitio cuando veíamos que la niña mimada por todos se salía de sus casillas y evidentemente el buen perder no es uno de sus fuertes. Pero de un tiempo a esta parte, la gente que le hace críticas se ha vuelto mayoría y como no está acostumbrada a ello empieza a tener la crisis de los 15 con casi 30 años.
El domingo llegó la hora de tener una conversación con ella a cerca de esos cambios que se han ido produciendo en su personalidad. Sin gritos, sin enfados, serenamente, como dos amigos que se ponen al día, decidí que había que coger el toro por los cuernos y explicarle qué es eso que de un tiempo a esta parte hace que se sienta acorralada por las quejas ajenas cuando nos juntamos todos. En su caso lo de "en reunión de pastores cordero muerto" se está produciendo de forma exagerada y he de reconocer que yo soy uno de los mayores culpables. Pero ella también comete errores, no ve las cosas que hace mal y, por tanto, no las asume, de tal forma que se asienta en el cómodo victimismo, en un todos me machacan porque sí, sin darse cuenta de que a lo mejor los demás tienen sobrados motivos para ello.
Es curioso como las personas que tienes más cerca te pueden llegar a sorprender de forma desorbitada. Como la percepción que tienen de lo que les rodea y de sí mismos puede distar una distancia kilométrica con respecto a la que tu tienes de ellos. Creo que el domingo por primera vez Miriam entonó un mea culpa, creo que por primera vez fue consciente realmente de que sus actos, sus olvidos, su falta de escucha pueden tener consecuencias en los demás y que éstos pueden llegar a cansarse de ello. Me sorprendió que con lo mujer que es para su vida profesional sea tan infantil para su vida personal. Pero me escuchó y comprendió, así que supongo que esa charla no caerá en saco roto y como es adorable no tendré más remedio que seguir adorándola.