23 abril 2007

EL ESPÍRITU DE CANDY CANDY

Me he pasado una semana reflexionando y mira que a mi eso de pensar mucho no me gusta, me da pereza y exige un esfuerzo demasiado grande para los resultados que al final obtengo. Pero bueno, la reflexión sumada a algún acontecimiento que ha tenido lugar en estos días me ha llevado a una conclusión firme que voy a intentar afrontar y llevar a la práctica lo mejor que pueda, me voy a volver casto. Ahora es cuando vienen las carcajadas del lector, lo sé, ahora es cuando todos dirán "eso no te lo crees ni tú aunque te hayas bebido la fábrica de Mr. JB". Bueno, es algo difícil y más para alguien de personalidad impulsiva y desatada como la mía pero pienso llevarlo a cabo.
Este año la primavera, a diferencia de otros en que las hormonas revoloteaban dentro de mi cuerpo como si en una coctelera estuviesen hasta centrarse en mi polla de forma realmente agresiva, me está convirtiendo en un ser ñoño y cursi que parece estar poseído por el espíritu de Candy Candy, y mira que me propuse ser cínico y malote de nuevo, pero es que no hay manera, todo son sentimientos rosas que me hacen sentirme como una quinceañera con carpetas forradas de fotos de Rob Lowe.

Por un momento esta semana fui consciente de que el sexo por el sexo me aburría y me dejaba vacío, Y ESO A MI NUNCA ME HABÍA PASADO, así que he llegado a la conclusión de que debo frenar ese impulso que me hace tirarme a la boca de desconocidos y que a la mañana siguiente, cuando en mi soledad me miro al espejo, me hace sentirme como si nada hubiera pasado. Quiero algo bello, tranquilo, sereno, apasionado en su justa medida, la que hace que no sea algo dañino para mi salud mental. Así que una de dos, o contrato a un exorcita para que saque de mi a la pequeña y dulce Candy Candy o apenco con estas sensaciones de miel y rosas y tiro para delante con ansias de niña enamoradiza y como lo de ser un guarro es algo que ya conozco pues voy a probar con lo segundo, a ver qué pasa.

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27 marzo 2007

CONMIGO MISMO

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Julio llegó antes que abril, pero con él no ha venido la primavera sino una lluvia inesperada y alguna gotas de sudor, que lo colocan donde debe estar, en las fugaces experiencias del verano. Aunque yo había depositado cierta ilusión en su llegada, en su sentido del humor y en su agilidad mental y aunque el sexo fue bueno, algo animal, algo sucio y extenuante, no me ha atrapado del todo como yo esperaba porque lo que yo espero va aún más allá y mi corazón, que se había abierto unos milímetros para dejar entrar el olor de un posible amor, se ha vuelto a cerrar de nuevo. No sé dónde está el fallo exáctamente, no sé si es que mi convicción se ha hecho tan fuerte que nada podrá penetrar de nuevo en mi vida con aire romántico o que la experiencia hace que ningún candidato esté a la altura. Está claro que he aprendido a ejercer cierto control sobre mis sentimientos y que, aunque juego a policías y ladrones con ellos, sé como mantenerlos encerrados y no dejarlos volar por ahí como los locos para que se posen en el hombro del primero que quiera agarrarlos.
Supongo que sentirme feliz, a gusto, pleno, satisfecho, autosuficiente y tranquilo hace que no necesite el calor de un mes de verano abrazándome y supongo que no tener más capítulos descargados de Anatomía de Grey para ver, da una tregua a mi cerebro de géminis pizpireto y juguetón. Si algo bueno tiene la paz interior es que la impaciencia no te juega malas pasadas y puedes permitirte el lujo de no tener que esperar que lo mejor te llegue porque ya lo tienes, lo mejor soy yo conmigo mismo.

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23 marzo 2007

INTOXICACIÓN POR GREY

He dado con las posibles causas de lo que hace que tenga el pavo subido y me comporte como una quinceañera con la hormonas en plena manisfetación de su fanatismo en un concierto de OT. Lo fácil sería echarle la culpa a la primavera (según el refrán, la sangre altera), que es lo recurrente, pero no, no es eso, o por lo menos eso creo yo. La culpa la tienen los personajes de Anatomía de Grey que están motivando en mi ser una mutación hacia el pastel completamente rara.

Cuando la serie llegó a España me negué a verla, estaba ya obsesionado con demasiados productos televisivos y mi capacidad de adicción en estos casos es muy grande, pero la puse poco a poco a descargar para visionarla en un futuro. Pues bien ese futuro llegó y ya voy por la mitad de la segunda temporada y, ¡oh!, que casualidad, que desde hace unos días a esta parte, tengo sentimientos que hacía siglos que no tenía, e incluso algunos nuevos que están desvirtuando el yo que tan concienzudamente me había construído a base de piedra y cemento.

Estoy blando, sensible, me ruborizo y ataco de los nervios fácilmente, veo amor por doquier, tengo sofocos cada dos por tres, me están saliendo granos y tengo palpitaciones, es decir estoy volviendo a la adolescencia más pura y ya sólo me falta forrar carpetas con la foto del Doctor Sheperd o poner posters sobre mi cama de Alex Karev. Si me tuviera que identificar con un personaje, está claro que soy Cristina, esa coreana cínica, que tapona sus sentimientos, incapaz de evitar un sarcasmo en el momento menos apropiado y cuya casa parece la de alguien con Síndrome de Diógenes prematuro. Pero hasta ella sucumbe a los encantos del amor, aunque intenta frenarlo, aunque lucha contra ello, se ve dirigida a una relación que desde un principio se intuye sin futuro (odio al Dr. Burke). En esa maraña de personajes de relaciones endogámicas, los sentimientos bailan de un lado para otro hasta salirse de la pantalla, atacarte directamente al corazón y hacerte creer, con esas odiosas melodías y esa voz en off propia de un libro de autoayuda, que tú necesitas eso, que tu vida hasta que no se vea envuelta en una marabunta de líos amorosos sin fin no tendrá sentido.

Lo peor de todo es que ya soy adicto y como los vicios más perniciosos, aunque sepas que te hacen daño, no puedes desengancharte de ellos porque el placer que te provocan es superior a tu sentido común, así que lo listillos que están en la tercera temporada no me vengan jodiendo contándome lo que pasará detrás, porque una quinceañera con las hormonas revolucionadas es lo más peligroso que uno se pueda echar a la cara, para muestra ver El Exhorcista. A lo mejor es por esto que creo que este año Julio se va a adelantar a abril.

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