PSICÓTICO
Playa de El Palmar (Cádiz) 20/6/07
Acabo de recibir un sms de G. Es curioso que lleve esperando todos estos días una señal de E que parece que no va a llegar. Llevo un tiempo convencido de que el encuentro de Los Jueves Milagro ha potenciado lo que había entre E y J, que yo he sido una especie de elemento reactivo que ha contribuido a ponerlos a los dos en marcha, que los ha lanzado al uno contra el otro.
Miestras me tomaba un café con hielo con Isa, mujer de paciencia sin igual, en un bar de Caños de Meca creí llegar a la conclusión de que el reencuentro con J ha sido algo pernicioso para mi mente. Por si mismo no es nadie, un aspirante a escritor con ansia continua de llamar la atención que busca a un conjunto de groupies que le suban la autoestima, usando para impresionarlos el mundo en el que se maneja, de farándula y artistas, de luces y modernidad. Pero como persona tiene muy poco que ofrecer más allá de un manojo de inseguridades y lugares comunes, tópicos de almacén. Sin embargo es inevitable ponerse nervioso en su presencia, Isa dice que porque es una de esas personas que te chupan la energía y creo que está en lo cierto.
J tiene todo lo que yo ansiaba tener cuando de adolescente soñaba con como sería a los 30 años. Y ahora que empezaba a plantearme que E me gustaba algo más de lo común descubro con asombro que entre ellos había una historia previa, muy rara, de lucha de poder, algo similar a la que yo mantenía con J. Éste ya no sólo tiene todo lo que a mi me hubiese gustado sino que además posee la atención de E en modo de nervios de adolescente que admira a su objeto de deseo por todo lo que simboliza.
Desde que estoy en Cádiz cada dos días entro en un estado psicótico provocado por la frustración de la distancia, el no estar presente asistiendo a los acontecimientos que se puedan estar desarrollando en Madrid entre E y J. Mil historias posibles rondan por mi mente en esos momentos, mil culebrones con su inicio, su nudo y su desenlace recorren mi cabeza hasta el agotamiento. Creo que mañana, cuando emprenda rumbo a Madrid y retome mi realidad debería sacar de mi vida a J y es posible que me vea abocado a hacer lo mismo con E. Ahora voy a aprovechar las últimas horas de sol en la Playa de El Palmar, a ver si consigo que mi frente pelada pierda su aspecto leproso. Por cierto, qué bien huele el mar.













