ELLAS
Siempre que me preguntan por Isa y Esther yo respondo que son como mis piernas en esta gran ciudad en la que un día me dió por vivir. Si en algún momento se fuesen, tendría la sensación de ser amputado, no sabría como caminar y la rehabilitación sería muy dura.
Ellas me quieren y, sobre todo, me soportan de la mejor de las maneras. Y es difícil, porque una personalidad como la mía no es aguantable para las pieles ciegas y extremadamente "sensibles", sólo es acta para aquellas que saben ver más allá de sus insignificantes narices. Isabel y Esther, las bellas extremeñas, tan hermanas y tan diferentes, tan hermanas y tan iguales, saben ver, oir, acariciarte con su presencia cuando es necesario y ponerse firmes cuando también lo es. A veces cómplices y a veces enemigas, las quiero sobre todas las cosas, porque en estos momentos mi vida sin ellas sería como andar perdido por las calles de Malasaña en un día lluvioso. Me dan sol, luz, vida. No juzgan.
Isabel, la mujer fuerte y débil, orgullosa y cariñosa, altiva y humilde. Mi Wendy.
Esther, luminosa, niña que ansía ser mujer, dulce, divertida, frágil y enérgica, sincera y mentirosa. Mi Campanilla.
Quiero seguir volando con ellas por Nunca Jamás, y seguir acurrucados en un sofá mientras que Carrie pierde unos Manolos. Imaginarnos en una ilustración de Jordi Labanda y alimentarnos del glamour que un día decidimos que necesitaban nuestras vidas. Quiero seguir adelante con ellas aprendiendo. Mis compañeras, entre quien entre en nuestras vidas, estarán ahí por mucho tiempo.
1 Comments:
La "bella" extremeña:
me has hecho llorar, a primera hora de la mañana, un lunes rodeada de la gente hostil en el trabajo. QUé bonito, que tierno, que sensible y qué bello.
TE QUIERO.
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