21 febrero 2006

EL LASTRE SENTIMENTAL

Ahora me he dado cuenta. Más de un año después. Después de la ruptura, de una convivencia amistosa y de un enfriamiento paulatino y necesario que probablemente terminará en un recuerdo ni siquiera nostálgico. Ayer me di cuenta de los lastres que te deja una relación. Este hecho siempre había estado rondando mi cabeza, pero hasta ayer no fui plenamente consciente.

Yo tuve dos relaciones. Pero la tercera fue la que realmente me enseñó lo jodido que es una incorrecta elección de la persona amada. Tenía 23 años, un emocionado de la vida y apareció él en un momento en el que yo necesitaba que alguien apareciese. Guapo como él solo. Los primeros días de relación yo tenía la sartén por el mango pero de repente todo un día se torció. Él, usó el arma que más daño me hace y que es más efectiva, la indiferencia. Una indiferencia cruel por controlada. Como se dice vulgarmente se dio la vuelta a la sartén. Él comprobó lo efectivo de su armamento y fue increscendo, dejé de ser el amado para ser el amante. Quise con todas mis fuerzas, pero nada era nunca suficiente. Mi esfuerzo por ser querido era superior a mis fuerzas y lo único que conseguía era siempre la primera en la frente.

Todo fue evolucionando y se fue refinando a lo largo de 5 años. Hasta que un día descubrí el sol, el mar, el calor y a Anette Sorin y nada volvió a ser igual. con todo el dolor de mi corazón di por terminada aquella historia y ayer descubrí que aún no estoy repuesto.

El lastre sentimental que me arrastra, que me marca, no me deja ser querido. Nada me parece suficiente, estoy tan acostumbrado a complacer, a ir por delante que no dejo oportunidad al otro para que sienta la necesidad de acercarse a mi. Aturdo con mi sobreprotección de madre sumisa y exijo lo mismo que yo doy sin la comprensión de que sólo una persona que se ha sentido dependiente, que cree que nunca nada es suficiente para que el otro lo quiera, puede darlo. A la vez, soy consciente de que no aguantaría a alguien como yo... Estoy luchando contra ello. Una mente traviesa pero virgen en esto de las relaciones sentimentales aunque muy maleada en el mundo sexual me está ayudando más de lo que él cree, sólo espero que tenga paciencia para encajar de la mejor de las maneras mis inseguridades de treintañero cascado por un lastre sentimental.

Y a ti, autor de mi lastre, te digo que sólo te culpo de tu cobardía, porque nunca me quisiste y en lugar de decirme adiós sólo intentaste convertirme en lo que tu querías que fuese de tal forma que a día de hoy aún me estoy buscando.

Yo, por lo menos soy valiente porque me atrevo a buscarme aún a riesgo de que lo que encuentre no me guste. ¿Qué haces tú?