
Todo vuelve a la normalidad, todo se asienta después del jaleo de los últimos días, la cotidianidad regresa y hasta cierto punto me alivia. El niño judío regresó ayer a su pueblo, me dio mucha pena, como siempre que me enfrento a ese momento en que lo veo subir al autobús, pero por otra parte estoy satisfecho porque en estos veinte días hemos tenido tiempo suficiente para conocernos de verdad, para aceptar al otro tal y como es, para cogernos el punto definitivamente. Y soy feliz porque lo vi por dentro y él me vio a mi. Su partida no ha sido como la de otras veces, en esta ocasión la serenidad ha prevalecido por el convencimiento que otorga la seguridad en lo que tienes entre las manos. Volverá, con menos nervios, con menos miedos, con más paz.
Por otro lado, con la fiesta del sábado doy por zanjada mi crisis de los 30. Aceptada queda mi edad de una vez por todas. Soy un neurótico empedernido, que exagera las cosas y las lleva al límite, qué le voy a hacer, soy así y es una desgracia como otra cualquiera. Pero si algo bueno tiene mi carácter es que las crisis me duran muy muy poquito tiempo. Ver a tantos amigos, sobre todos a los que llevo en el bolsillo desde hace mil años ya, en mi casa celebrando conmigo la entrada en la treintena me hizo quitarme la venda y sentir que ningún tiempo pasado fue mejor, que los tiempos futuros siempre son prometedores, que la cabeza la tengo en el mejor sitio en el que podía estar, sobre los hombros, con menos pelo pero más lúcida, más reflexiva y tranquila que nunca. Mi capacidad de diversión sigue siendo la de un adolescente que ha aprendido a darle la importancia necesaria a todo lo que le rodea. Mi gente me quiere y eso se notó con creces.
Hoy he vuelto al trabajo, a mi vida en solitario, a mis horas repartidas a mis anchas, a mis momentos, a los madrugones, a los compañeros, a la rutina... y por una vez todo no esto no es signo de ansiedad o apatía sino de haber tirado el bajón a la basura y de vislumbrar una vida nueva y veraniega por delante al lado, aunque sea desde la distancia, del amor y de mi mismo.
7 Comments:
Si es que el amor en la distancia es lo que tiene, que te evita agobios de la vida en pareja, pero siempre te falta la otra parte para achucharla en según que momentos.
Las crisis de los 30? Crisis, qué crisis? No hombre no, que somos muy jóvenes para agobiarnos. La soledad irá y vendrá, hay que aprender a vivir con ella (yo estoy en ello eh, y sé que cuesta).
Con el tiempo las despedidas dejarán de ser dramáticas y de culebrón. Uno va asentando las cosas a la vez que el conocimiento de la otra persona se va agrandando. No sé si es una receta universal, lo consultaré con el médico.
Espero que algún día, pronto, la distancia se acorte entre vosotros :)
Es que las crisis de cumpleaños son más frecuentes de lo que parece pero la gente no se molesta en decirlo, se lo queda todo dentro, porque son unos insensibles de mierda!! Em... bueno, ahora cuidado con la cadera que se vuelve sensible a estas edades.
Te veo estupendamente, no se... más... más mayor (jejejeje es broma)
Me alegro un montonazo que esteis tan bien. Os eché un poco de menos estos días pero ya veo que los aprovechastéis bien.
Besosss enormes, a la vuelta nos espera el verano bloguero.
que genial leer que estuviste rodeado de amigos y que te sentiste querido. ¿A que eso es lo mejor de las fiestas? Pues si a los 30 te sientes mucho mejor, espera a tener 38 y fliparás por un tubo. ;)
Un besazo, guapo!
Tú si que sabes! Como no vas a estar rodeado de buena gente que te quiere! Con lo que tú vales!. Ahí tienes a tu nene que tb te cuidará cuando llegues a los 100 ;) (chiste malo)
Un abrazo!
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