01 mayo 2006

RETORNO AL PASADO EN SÁBADO NOCHE

La noche del sábado fue una de esas que me costará olvidar en mucho tiempo. En Madrid el puente es muy largo y parece que los únicos que nos hemos quedado en la ciudad somos Isa, Toni y yo. Así que acepté de buena gana acudir a la invitación que la extremeña me hizo, pasar la tarde y cenar en su casa aún a riesgo de encontrarme sujetando la vela de los enamorados. Nada más allá de la realidad, esta pareja es de la que se pueden soportar, de las que no te hacen sentirte extranjero en mundos conocidos y no por eso dejas de entusiasmarte con su complicidad. Después de varias horas, una larga charla, una partida de trivial (en la que barrí a mis oponentes), una cena muy rica para ellos y pasable para mi (sigo con mi operación contra-peso) y un vino que me alteró la percepción de la realidad y me trajo colores de felicidad a la cara, surgió la eterna pregunta, ¿dónde vamos esta noche?
Primera sorpresa, Isa, por iniciativa propia propuso que fuésemos a OHM, yo acepté sin rechistar y encantado de la life. Taxi, entrada y ya estábamos dentro. Era temprano y el local estaba vacío. Primer garrafón, la gente entraba, hablábamos y reíamos con esa forma tan peculiar de bailar de Toni, que he de decir que me da cierta envidia. El lugar se empieza a llenar y empiezo a ver caras conocidas. Y de repente veo a un chico que conozco de vista de Córdoba, alias el Cabezón, mote superoriginal que en su momento le puso Miriam y que es amigo de un niño monísimo con el que me enrollé el año pasado. Miro a su lado y veo a otro que conozco de vista de Córdoba, con este estuve chateando un tiempo pero pareció no reconocerme, gracias a dios. Yo pensé, la pandilla plumilla de mi pueblo se ha venido a pasar el puente a Madrid. Lo que yo no podía ni imaginarme es que dentro de ese grupo me iba a encontrar con alguien que hacía 12 años que no veía. El Pequeño, este mote también lo puso Miriam.
Cuando tenía 17 años iba a una academia de inglés en Córdoba. El Pequeño iba en mi mismo horario pero a otra clase. Fue el primer chico que yo fui consciente que me gustaba. Anteriormente había sentido atracción por otros, pero con éste fue con el primero que tuve consciencia de que realmente me gustaban los individuos de mi género. Yo lo miraba tímidamente los días de clase de inglés a la entrada y a la salida. Él es alto, moreno, más pequeño que yo y de apariencia muy seria. Supongo que en aquellos años de adolescencia era más tímido que yo.
Y ahí lo tenía de frente, después de tanto tiempo, bailando. No pude evitarlo, tuve un impulso irrefrenable de acercarme a él y contarle la historia. Y así lo hice, le di un par de golpecitos por detrás, el Pequeño se giró y:
Juan: "Hola, tú eres de Córdoba, ¿verdad?
Pequeño (con cara de quién coño es éste): "Sí"
Juan:"Sólo quería decirte que quiero que sepas que tú fuiste el primer tio que fui consciente que me gustaba".
Y ahí terminó la charla, me di la vuelta y volví con Isa y Toni. No tenía necesidad de hablar más, sólo quería expresar aquello que durante tanto tiempo me hubiese gustado decirle y no fui capaz. Mi sensación de desahogo fue brutal. El Pequeño pensaría, ya me ha tocado a mi el loco de la noche.
Empezábamos a estar cansados. Así que, aunque estábamos realmente contentos, decidimos irnos. Y cuando íbamos a alcanzar la puerta noto una mano que me agarra el hombro. Era el Pequeño, que me pregunta si yo también soy de Córdoba y le digo que sí. Se quedó sin saber que más decir así que le pregunté su nombre porque ni siquiera lo sabía. Jose (no le pega nada, yo había imaginado que se llamaba o David o Rubén). Y me dijo que vivía en Madrid y que ya nos veríamos por ahí.
Salimos a la calle y mientras Isa y Toni estaban con la misión imposible de pillar un taxi yo pensaba, puede que nos veamos por ahí, pero las cosas ya no son iguales, ya sé como te llamas, estoy enamorado de un valenciano y el tiempo ha pasado. Cuando la ilusión se hace terrenal pierde el interés. Y la realidad que tengo ahora me gusta demasiado como para mancharla con recuerdos adolescentes. Llegué a casa más borracho que nunca y me metí en la cama. Al día siguiente me desperté con la mayor resaca de mi vida y teniendo que irme a trabajar, pero esa ya es otra historia.

4 Comments:

Blogger Para, creo que voy a vomitar said...

Fue una bonita anécdota. A veces el pasado golpea la puerta y decides mirar por la mirilla..., otra cosa es lo de abrirle la puerta.

19:21  
Anonymous Anónimo said...

... a mi me lo contaste antes... a mi me lo contaste antes... j´'aj'aj'a

21:04  
Blogger siouxie said...

Ayns. ¿Y ese chico te habló con ese acento dulzón y exagerado que usan los mariflowers de nuestra excelsa ciudad? :). Ya sabes a qué acento me refiero :); ese que hace volar media docena de plumas a cada sílaba que contenga la letra SSSSSSS! :).(Sabes que no hay nada peyorativo en mi comentario , y yo sé que estás sonriendo al visualizarlo :P)

01:49  
Blogger FlordeNoche said...

Como me gustan esas historias... ains! a mí sólo me pasan en sueños. Un besazo.

17:32  

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