UN VIAJE EN EL TIEMPO
El jueves fue un día muy duro. Salí del turno de noche y sólo dormí un par de horas por la tarde, acompañado del niño judío en una habitación de hotel que parecía sacada de una revista de decoración de los años 80. Me costó la misma vida levantarme de la cama pero la fuerza de voluntad, cualidad que en mi brilla por su ausencia, supongo que provocada por la ilusión ajena me borró las legañas de los ojos. Había que pasar la segunda prueba de fuego, sus amigos. Nos dirigimos en mi caballo azul polar a su pueblo, muy cerquita de Valencia. Recogimos unos bocadillos que había preparado su madre y fuimos al Centro Cultural del lugar. La experiencia me encantó, aunque mi gesto cansado no dijera lo mismo. Allí nos encontrábamos él y yo haciendo cola junto a un grupo de personas, cada una con su bolsita de plástico en la mano. Debería haber estado nervioso, pero no sé que me pasa últimamente que experiencias que antes me anudaban los intestinos ahora las afronto con toda la tranquilidad del mundo, será que me estoy haciendo mayor. Se abrió la puerta y supe que eran ellos. Los reconocí al instante. Sus amigos, tal y como los había imaginado. Tras la presentaciones y algunas palabras vagas para romper el hielo, llegó la hora de entrar y todo el mundo se lanzó como alma que lleva el diablo para pillar el mejor sitio posible. Nos sentamos, y yo que soy muy prudente, me quedé mirando a los demás para ver qué hacían y no quedar mal, soy fiel seguidor de aquello que dice "dónde fueres haz lo que vieres". Aquellas personas, repartidas por grupos en mesas, abrieron el papel de aluminio que recubría sus bocadillos, destaparon sus latas y empezaron a cenar. Todo parecía estar coreografiado aunque a lo mejor eran los efectos de mi falta de sueño. Hacía mucho tiempo que no vivía una escena tan de verdad, acostumbrado al cartón piedra que me rodea en Madrid, era como estar en Córdoba, lo sentía muy mío. Sus amigos me retrotayeron a mis 20 años, era como hacer un viaje en el tiempo y ver desde fuera como era mi vida en aquellos tiempos. Debieron pensar que era medio bobo porque no fui capaz de abrir la boca en prácticamente toda la noche. Lo que no creo que puedan imaginar es que para mi era como estar con mis amigos cuando tenía su edad. Ese tipo de personas sanas, de verdad, que ven más allá de sus narices pero sin remilgos ni gomaespuma y que aunque viven en lugar que probablemente se les queda pequeño ellos lo hacen grande. Disfruté de sus conversaciones, de sus piques, de sus bromas, de su forma de relacionarse. Me recordaba a aquellos días en Córdoba en un cine de verano con el bocadillo de tortilla francesa y a las tardes eternas de pipas y gominolas en una plaza de mi barrio debajo una farola.Después de un espectáculo a medio camino entre el cuentacuentos y el monólogo, bastante bueno por cierto, de una chica dulce y embarazada que consiguió arrebatarme el sueño durante algún tiempo, nos marchamos dando un paseo de aire fresco en un ambiente cálido en una noche perfecta. Nos despedimos y regresamos en mi caballito azul polar al hotel. Un baño juntos, precioso e incómodo, carantoñas en la cama y un largo sueño reparador que me transportó hasta el día siguiente.
3 Comments:
TE PROMETO:
no sera contigo ,el mejor polvo de mi vida!!!!(asi que despreocupate!!!!!!;)
(lo digo porque imagino..que en cada ocasion te superas!!!)
desde el sur...soplamos brissitassssssssss
no entiendo el comentario, pero hola
tu escribiste en mi blog..que morir en medio del mejor polvo de mi vida....era una putada...para el acompañante.....
por eso te deje el comment!!!!
nada..me gusta tu casa....en especial tus links de arte!!!!!!!!!!!!!!!!
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